Que los congresos estatales no pueden definir cada uno de los derechos humanos, porque violaría el principio universal establecido por el artículo 1 de la Carta Magna, fue lo que dijo la ministra Esquivel Mossa en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Esto se da en el marco de la controvertida discusión sobre la constitucionalidad de la protección a la vida del ser humano desde su concepción. Esto, sienta un precedente no sólo en nuestro país, sino en América Latina, dado que México es uno de los países más poblados en esta zona, y con mayor número de cristianos, quienes, se supone, en razón de doctrina, están a favor de la vida.

 

¿Qué es lo que aquí sucede? Cualquiera podría pensar que, por el hecho de ser católicos (o cristianos), todos piensan igual, y que todos saludan con la misma bandera. La triste realidad es que esto no es así. La pluralidad nos ha alcanzado no sólo en materia religiosa, sino que aún en una misma religión, muchos, piensan distinto. ¿Qué quiero decir con esto? Que si hacemos un censo sobre la religión que profesan quienes son los protagonistas en este asunto, nos llevaremos una gran sorpresa, así como si se realiza sobre las personas activistas en favor del aborto. Muchos de ellos son creyentes o profesan alguna religión cristiana, pues casi el 90 % del país profesa alguna religión (INEGI 2020). Entonces, ¿Por qué si la gran mayoría de la población profesa una religión que está a favor de la vida, la agenda abortista ha ganado tanto terreno?

 

PENSEMOS

 

1.No todos piensan igual. En la actualidad, aunque la gran mayoría profesa una religión, no profesan la misma doctrina. Kant, decía “¡sapere aude!” (atrévete a pensar) y en estos tiempos, es lo que la sociedad actual está haciendo. Está pensando. Bien o mal, pero está pensando. Ya no estamos en tiempos antiguos, en donde los demás pensaban por los ciudadanos, y todo se regulaba con normas y decretos. La gran mayoría de las personas eran iletradas, y no tenían argumentos para exigir sus derechos; era más bien en razón de la sensibilidad, que del intelecto. ¿Por qué siendo la gran mayoría cristianos, no logramos ponernos de acuerdo? Porque aunque siendo cristianos, cada quien tiene su propio pensamiento. Muchísimos coinciden con la doctrina cristiana, otro no.

  1. Ya no preocupan las condenas. Antiguamente, se podía condenar a alguien desde este mundo a las penas del infierno, sentenciarle a la excomunión, u otras puniciones y era una verdadera tragedia. Esto tocaba hasta reyes y magistrados. Ahora, para muchos, esto les tiene sin cuidado, pues dado que no son sentencias punitivas temporales, para muchos, creyentes o no, les da igual; su conciencia, por más que sorprenda, no les remuerde.
  1. El ser es, el no ser, no es. El Estado, a través de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, no tiene la facultad para determinar cuándo comienza la vida ni quién es persona. Esto, es única y exclusivamente competencia de la naturaleza. Las cosas son lo que son, y no son, lo que no son. Un principio filosófico reza: “el ser es, el no ser no es, no existe término medio” Es decir, no porque la SCJN diga: “este es persona” o “esto no es persona” por eso va a ser o dejar de ser. Eso, aplica a tenor del derecho positivo, no a tenor de la naturaleza quien tiene su propia ley natural.
  1. El Estado, no obliga a abortar, pero sí concede el “derecho”. Me explico: Si la SCJN determina que el aborto es legal, no quiere decir que es una obligación de todas las mujeres practicarse el aborto, sino que el Estado no perseguirá a aquellas que lo procuren. Entonces, aquí tenemos dos elementos: uno, queda a la formación de cada quien, no tener que acudir a la necesidad de abortar, con una formación sexual responsable; y dos, el criminalizar a la mujer que aborta, no es la solución; si no hay formación de conciencia responsable, no habrá poder que impida los embarazos no deseados.

 

TENGAMOS CONCIENCIA

  1. Formación de la conciencia. Aunque la Constitución proteja el aborto, si hay formación integral de la conciencia en la vida sexual, no habrá necesidad de recurrir a la protección del Estado para abortar, pues sería un artículo oneroso. Un país bien formado y bien consciente de su compromiso y responsabilidad ética, no tendría que recurrir a normas regulatorias cuando su conciencia no le permite una transgresión de la ley natural.

 

  1. Diálogo se sordos. Ni ellos (pro abortistas) nos van a convencer a nosotros (pro vida), ni nosotros a ellos. En realidad, es un diálogo de sordos. Nosotros decimos que tenemos la razón y que tenemos los suficientes argumentos ya expuestos en la Corte en el 2007, con sustento jurídico, filosófico, científico, sociológico, psicológico, etc., y que no quisieron escuchar. Ellos tienen sus propios argumentos que dicen que son muy válidos, y que para nosotros no tienen ninguna validez, puesto que decimos que en contra de la vida, no hay argumento que valga.
  1. Objeción de conciencia. La resolución a favor del aborto no es lo peor, sino lo que se viene: la objeción de conciencia. Esto es, obligar a trabajadores del Estado a practicar obligatoriamente el aborto a quien lo solicite, en contra de lo que le dicte su propia conciencia. Ese sí va a ser un gran problema, y un verdadero dolor de cabeza. Pues si nosotros creemos que la conciencia es el sagrario del hombre en donde se manifiesta la voz de Dios, y que nadie puede vulnerar – ni el Estado- no estaríamos en condiciones de tener que realizarlo. Pero si el Estado lo legisla, y obliga a sus ciudadanos a hacer algo que no quieren, en razón de conciencia, entonces creo que sí será un verdadero caos y tal vez hasta confrontamientos lamentables. Si el Estado legisla a favor de la práctica del aborto hasta en las mismas conciencias, estaremos al borde del precipicio. Y lo peor serán las consecuencias: despidos, discriminación, represalias…. Veamos qué dice la Corte.
  1. La SCJN en estos temas no siempre es imparcial. Tiene la presión de poderosos colectivos y de organismos internacionales. Además, es de todos sabido que los ministros de la Corte son propuestos por los presidentes en turno, y avalados por los legisladores de acuerdo a los intereses de partido, o según las ideologías. Obviamente, esto hace pensar que no siempre legislan movidos por el verdadero espíritu de la ley, sino por la conveniencia imperante. Estoy seguros que ni siquiera la Comisión Nacional de los Derechos Humanos se va a pronunciar, ¿A quién le dan pan que llore? Todo tiene su precio.

 

DERECHOS DE LA MUJER

  1. Los derechos de la mujer. Esos, nadie los discute. La mujer tiene derechos, y éstos deben ser respetados. Pero ante todo, deben -ella y él- llevar proyecto de vida, no una vida de inmediatez. Todos debemos de hacernos cargo de nuestras acciones y actuar con responsabilidad. No esperemos siempre que el Estado asuma nuestra falta de responsabilidad. Hay honrosas excepciones, eso sí.
  1. Responsabilidad del Estado. Hasta cierto punto, el Estado tiene también cierta responsabilidad que esto se salga de control, pues promueve un despertar demasiado temprano en la sexualidad, quiere quitar el derecho a la educación de la misma a los padres de familia, reparte preservativos en lugar de aumentar la calidad de la educación integral. Promueve, y luego se lamenta. No hay equilibrio.

 

Estos puntos de vista, son muy personales y creo que son expresados con verdad y responsabilidad. No es cuestión de una sola persona o institución. Es responsabilidad de todos.