Los reformadores del siglo XVI, especialmente Lutero, propusieron nuevos puntos de vista respecto a la concupiscencia. Adoptaron como fundamentales para su teología las siguientes proposiciones:

  • la justiciaoriginal con todos sus dones y gracias eran debidas al hombre como una parte integral de su naturaleza;
  • concupiscencia es en sí misma pecaminosa, y al ser la corrupción pecaminosa de la naturaleza humana causada por la transgresión de Adán y heredada por toda su descendencia, es la esencia misma del pecado original;
  • El bautismo, al no extinguir la concupiscencia, realmente no remite la culpa del pecado original, sino sólo hace que ya no le sea imputado al hombre y ya no atrae la condenación sobre él. Esta opinión es también mantenida por la Iglesia Anglicanaen sus Treinta y Nueve Artículos y su Libro de Oración Común.

 

IDEAS CONDENADAS

La Iglesia Católica condena estas doctrinas como erróneas o heréticas. El Concilio de Trento (Ses. V, e.v.) define que por la gracia del bautismo se remite totalmente la culpa del pecado original y no sólo simplemente deja de ser imputado al hombre. En cuanto a la concupiscencia el concilio declara que se mantiene en los que están bautizados con el fin de que puedan luchar por la victoria, pero no hace daño a los que se resisten por la gracia de Dios, y San Pablo la llama pecado, no porque es pecado formalmente y en el sentido propio, sino porque surgió del pecado e incita al pecado. Más tarde Pío V, por la Bula “Ex ómnibus affictionibus” (1 oct. 1567), Gregorio XIII, por la Bula «Provisionis Nostrae» (29 enero 1579), Urbano VIII, por la Bula «In eminenti» (6 marzo 1641), condenaron las proposiciones de Baius (21, 23, 24, 26); Clemente XI, por la Constitución «Unigénito«, las de Quesnel (34, 35); y finalmente Pio VI, por la Bula «Auctorem Fidei» (28 agosto 1794),las del Sínodo de Pistoia (16), que afirmaban que los dones y gracias concedidos a Adán y que constituían su justicia original no eran sobrenaturales sino debidos a su naturaleza humana.