EL FIEL LAICO EN LA IGLESIA Y EN LA SOCIEDAD

EL FIEL LAICO EN LA IGLESIA Y EN LA SOCIEDAD

Con el lema: “Laicos católicos en acción”, En nuestra Arquidiócesis estamos celebrando la semana del Laico del 16 al 20 de Noviembre. Y es que, hoy más que nunca el fiel laico está llamado a ser, como Cristo lo ha dicho “Sal y Luz del mundo”.

Ustedes son la sal de este mundo. Pero si la sal deja de estar salada, ¿cómo podrá recobrar su sabor? Ya no sirve para nada, así que se la tira a la calle y la gente la pisotea. »Ustedes son la luz de este mundo. Una ciudad en lo alto de un cerro no puede esconderse. 15 Ni se enciende una lámpara para ponerla bajo un cajón; antes bien, se la pone en alto para que alumbre a todos los que están en la casa. 16 Del mismo modo, procuren ustedes que su luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo”. Mt 5, 13 – 16.

Sin duda que para poder ser esa sal y esa luz, es necesaria la fe. Es así que los laicos impregnados de una fuerte vivencia de fe que les hace superar su egoísmo para adoptar la actitud de servicio y salir de sí mismos, pueden realizar su contribución a la misión de todo bautizado, específicamente en dos ámbitos: espiritual y temporal.

El fin del ámbito espiritual es evangelizar y santificar, es decir, anunciar el Evangelio y llevar la gracia de Cristo al hombre concreto, mientras que en el ámbito temporal se busca permear y perfeccionar el orden de las realidades del mundo con espíritu evangélico.

Y ahí nace la gran importancia y la estrecha colaboración del laico y el sacerdote, sobre todo en la práctica de los sacramentos y en la preparación para su recepción, de esta manera, los laicos podrán realizar una labor inestimable. Los catequesis, y el servicio del ministerio de la palabra y de la comunión, siempre respetando la acción propia del sacerdote, es uno de estos ámbitos, que podríamos denominar institucionalizado.

Participar de distintas actividades misioneras es muy significativo, al igual que en las obras de caridad, las cuales se han extendido en muchos lugares. Pero sin duda que para la Iglesia siempre será una fortaleza el testimonio del laico que vive una vida impregnada por los criterios y las virtudes evangélicas en cualquier ámbito y actividad, acompañado siempre del anuncio de la alegría del Evangelio.  

En la Christifideles Laici, Sobre vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo, el Papa Juan Pablo II anima a los laicos a entregar su vida al servicio del Evangelio en su ambiente:  

“El fiel laico no puede jamás cerrarse sobre sí mismo, aislándose espiritualmente de la comunidad; sino que debe vivir en un continuo intercambio con los demás, con un vivo sentido de fraternidad, en el gozo de una igual dignidad y en el empeño por hacer fructificar, junto con los demás, el inmenso tesoro recibido en herencia. El Espíritu del Señor le confiere, como también a los demás, múltiples carismas; le invita a tomar parte en diferentes ministerios y encargos; le recuerda, como también recuerda a los otros en relación con él, que todo aquello que le distingue no significa una mayor dignidad, sino una especial y complementaria habilitación al servicio. De esta manera, los carismas, los ministerios, los encargos y los servicios del fiel laico existen en la comunión y para la comunión. Son riquezas que se complementan entre sí en favor de todos, bajo la guía prudente de los Pastores”.

 

 

A remar mar adentro y como bautizados hay que hablar y actuar convencidos de la misión recibida en el bautismo

Orar  no es suficiente

Orar no es suficiente

El mayor proyecto, y más importante de la iglesia, debe ser, y es, su seminario. En las semanas previas la arquidiócesis de León se ha estado preparando para celebrar el día del seminario. Una Jornada donde se llama a tomar conciencia de la relevancia de nuestro levítico plantel.

Es por esta razón, que decimos: Orar no es suficiente. El seminario vive la crisis más profunda que ha enfrentado en 156 años, no solo por la parte material, que se ha agravado en estos tiempos de contingencia. Es urgente reconocer que el seminario requiere sostenimiento material, pero, sobre todo requiere vocaciones.

Sabemos que nuestros pastores, párrocos, sacerdotes, y en primera fila nuestro Arzobispo oran, y ellos mismo promueven en todas sus celebraciones esta súplica a Dios por el seminario, y eso bueno… tal vez sea lo más importante.

Pero… como aconteció a los Macabeos, hoy en día, orar no es suficiente, es necesario emprender acciones decisivas. Recordemos como en la pasada Jornada Mundial de oración por las vocaciones 2020, el Papa Francisco pidió una iglesia al servicio de las vocaciones.

Claro que esto implica, orar con más persistencia, ahínco y profundidad… pero además es vital promover desde el seno familiar la generosidad de nuestros hijos, el ejercicio de la caridad y, sobre todo, entender que es el momento de involucrarnos en la formación del sacerdote.

Si queremos sacerdotes sabios, entregados al ministerio, disponibles en el momento que se requiera un consejo, paz, caridad…. ¡los sacramentos! entonces debemos ser conscientes de la urgencia que estamos viviendo.

Don Alfonso Cortés Contreras ha insistido en sus mensajes, las vocaciones surgen en las familias. Es necesario, por tanto, que las familias no desistan en plantar semillas de fe, que rieguen oportunamente, que contribuyan generosamente. Para decirlo claramente, el renuevo que plantemos hoy, nos dará frutos de vida eterna dentro de 10 años.

Queremos que el Pueblo de Dios tenga plena conciencia de esta realidad. Desde las páginas de este semanario llamamos a tomar conciencia del momento clave que vivimos. Sin seminario no tenemos sacerdotes, y sin sacerdotes no es posible la existencia misma de nuestra religión.

Oración, recursos materiales, acompañamiento fraterno, es lo que nos pide hoy nuestro seminario.

Sólo adoraras a Dios

Sólo adoraras a Dios

Desde que éramos niños y nos llevaban al Catecismo, con mucha frecuencia nuestro catequista nos hablaba de quién es Dios y nos daba lecciones hermosas de la creación del mundo y la de nosotros, seres humanos. Seguramente para muchos de nosotros fue muy importante la intervención de mamá y papá porque ellos también nos explicaban a su manera y con su experiencia, quién es Dios para ellos y cómo necesario confiar plenamente en Él y no en otras cosas ajenas a Él.

Los conocimientos que vamos adquiriendo nos hacen comprender que sólo a Dios es a quien debemos adorar. San Mateo, en el Evangelio nos presenta este episodio tan sencillo y tan profundo:

“En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?» Él le dijo: «»Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.» Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas».

Hoy quiero centrar esta Editorial en lo que significa honrar a dioses distintos del Único Señor, Dios verdadero.

“No habrá para ti otros dioses delante de mí”: El primer mandamiento prohíbe honrar a dioses distintos del Único Señor que se ha revelado a su pueblo. Proscribe la superstición y la irreligión. La superstición representa en cierta manera una perversión, por exceso, de la religión. La irreligión es un vicio opuesto por defecto a la virtud de la religión.

La superstición: Es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios, por ejemplo, cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas…

La idolatría: El primer mandamiento condena el politeísmo (creer en varios dioses). Esto exige sólo creer en el Único Dios verdadero. Y no venerar otras divinidades. La Escritura recuerda constantemente este rechazo de los “ídolos […] oro y plata, obra de las manos de los hombres”, que “tienen boca y no hablan, ojos y no ven”. Estos ídolos vanos hacen vano al que les da culto: “Como ellos serán los que los hacen, cuantos en ellos ponen su confianza” (Sal 115, 4-5.8; cf. Is 44, 9-20; Jr 10, 1-16; Dn 14, 1-30; Ba 6; Sb 13, 1-15,19). Dios, por el contrario, es el “Dios vivo” (Jos 3, 10; Sal 42, 3, etc.), que da vida e interviene en la historia. La idolatría es una tentación constante de la fe. Consiste en divinizar lo que no es Dios. Se puede tratar de dioses o de demonios (por ejemplo, el satanismo), de poder, de placer, de la raza, de los antepasados, del Estado, del dinero, etc. “No podéis servir a Dios y al dinero”, dice Jesús (Mt 6, 24).

La idolatría es una perversión del sentido religioso innato en el hombre. El idólatra es el que “aplica a cualquier cosa, en lugar de a Dios, la indestructible noción de Dios” (Orígenes, Contra Celsum, 2, 40).

Adivinación y magia: Dios puede revelar el porvenir a sus profetas o a otros santos. Sin embargo, la actitud cristiana justa consiste en entregarse con confianza en las manos de la providencia en lo que se refiere al futuro y en abandonar toda curiosidad malsana al respecto.

Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone “desvelan” el porvenir (cf Dt 18, 10; Jr 29, 8). La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a “mediums” encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos.

Todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo —aunque sea para procurar la salud—, son gravemente contrarias a la virtud de la religión.

La Sagrada Escritura, los Padres de la Iglesia y la Tradición nos enseña que estas prácticas son dignas de condenación. Dios tiene la última palabra en la vida del ser humano y Jesús venció al demonio. Como católicos, jamás debemos recurrir a supuestas “experiencias espirituales” fuera de Dios. Estamos llamados a seguir el camino de Jesús que rechaza todo pecado, pero que busca y ama al pecador para reconciliarlo. 

Jesús nos llama a una vida nueva, a liberarnos del pecado. Y un reto grande que Él nos ha dejado es experimentar su amor que es más grande y más fuerte que la maldición de todos los hechiceros y brujos y que la misma muerte. Católico sé coherente, adora al único Dios verdadero.

CELEBREMOS A TODOS LOS SANTOS Y CONMEMOREMOS A LOS FIELES DIFUNTOS

CELEBREMOS A TODOS LOS SANTOS Y CONMEMOREMOS A LOS FIELES DIFUNTOS

Se acercan las celebraciones que nos mueven interiormente como creyentes y que nos hacen conscientes de la Comunión de los Santos, realidad que profundiza el Catecismo de la Iglesia Católica: La Solemnidad de todos los Santos y la Conmemoración de los Fieles Difuntos, nos hacen redescubrir en esta vida, que al celebrar la Eucaristía entramos en esta realidad. Por eso podemos decir que es una Iglesia en tres dimensiones.

La Iglesia triunfante: Es la Iglesia glorificada, conformada por todos aquellos que fallecieron y gozan ya de la presencia de Dios, son quienes vivieron intensamente el amor a Dios y al prójimo, porque fueron modelo de vida por haberse apegado a los valores del Evangelio.

Iglesia purgante: Está integrada por los fieles difuntos, por personas que murieron en amistad con Dios, pero que aún tienen faltas que expiar. Una vez purificados de toda mancha, son admitidos en la Gloria.

Iglesia militante: Está conformada por todos los fieles cristianos que aún nos encontramos con vida y luchamos por alcanzar la salvación y quienes luchamos por lograr un día la conquista del cielo y al mismo tiempo, oramos por nuestros fieles difuntos y que somos conscientes de que aquellos que han sido glorificados, interceden por nosotros ante Dios.

La celebración de todos los Santos se vive solemnemente, porque es una invocación y reconocimiento de todos los que ya han conquistado la Patria Eterna y conmemoramos respetuosamente a todos los Fieles Difuntos con la firme de esperanza de que ellos alcanzarán el cielo.

Como se dijo, la Solemnidad de Todos los Santos es el 1 de noviembre y en la Iglesia se empieza a celebrar desde la noche anterior con las Vísperas. Por ello la noche del 31 de octubre, en el inglés antiguo, era llamada “All hallow’s eve” (víspera de todos los santos). Más adelante esta palabra se abrevió a “Halloween”.

En el siglo VI A.C., los celtas del norte de Europa celebraban el fin de año con la fiesta de “Samhein” (o La Samon), festividad del sol que se iniciaba la noche del 31 de octubre y que marcaba el fin del verano y de las cosechas. Ellos creían que aquella noche el dios de la muerte permitía a los difuntos retornar a la tierra, fomentando un ambiente de terror. Según la religión celta, las almas de algunos difuntos se encontraban dentro de animales feroces y podían ser liberadas con sacrificios de toda índole a los dioses, incluyendo sacrificios humanos. Una forma de evitar la maldad de los espíritus malignos, fantasmas y otros monstruos era disfrazándose para tratar de asemejarse a ellos y así pasar desapercibido ante sus miradas.

Cuando los pueblos celtas fueron cristianizados, no todos renunciaron a sus costumbres paganas. Asimismo, la coincidencia cronológica de la fiesta pagana del “Samhein” con la celebración de Todos los Santos y la de los Fieles Difuntos, al día siguiente (2 de noviembre), hizo que las creencias cristianas se mezclaran con las antiguas supersticiones de la muerte.

Con la llegada de algunos irlandeses a Estados Unidos, se introdujo el Halloween, que llegó a ser parte del folklore popular del país norteamericano. Luego, incluyéndose los aportes culturales de otros migrantes, se introdujo la creencia de las brujas, fantasmas, duendes, vampiros y diversos monstruos. Más adelante esta celebración pagana se propagó a todo el mundo.

La Iglesia católica en México ha intentado y sigue intentando evangelizar la fiesta, aunque se constatan todavía en algunos ambientes costumbres paganas. No ha tratado de atropellar las costumbres y tradiciones indígenas, más bien, transformarlas y darles un sentido cristiano. Estamos llamados a celebrar a Todos los Santos y a nuestros Fieles Difuntos como nos lo pide la celebración litúrgica y evitar esas fiestas paganas llamadas Halloween. 

Un beato que dice mucho a los jóvenes

Un beato que dice mucho a los jóvenes

“Un joven influencer para los jóvenes”, sí, él es Carlo Acutis, quien nació y fue bautizado en el barrio de Chelsea, en Londres en 1991, a donde sus padres se habían trasladado por motivos laborales, pero creció en Milán, Italia. Acutis murió a los 15 años de leucemia el 12 de octubre de 2006 y es conocido por su labor de divulgación del Evangelio utilizando las nuevas tecnologías.

Un dato interesante es que sus padres no eran católicos practicantes, lo cual nos causa la pregunta: ¿de dónde le vino entonces una fe tan profunda y una unión con Dios tales que le llevaron a expresar ideas profundas como: “Si Dios posee nuestro corazón, poseeremos el infinito” o “Sin Él, no puedo hacer nada”.

En su biografía se indica que tenía una niñera polaca, gran devota de Juan II, quien le transmitió al pequeño Carlo el interés por amar a Dios. El mismo Carlo fue quien acercó más a su madre para ingresar a los templos para mandarle besos a Jesús y fue así como se enamoró de Jesús. Y decía con mucha claridad que su proyecto de vida era “estar siempre unido a Jesús”. Y desarrolló este proyecto participando de la Eucaristía.

Recibió la Primera Comunión a los siete años y decía: “La Eucaristía es mi autopista para el cielo”. Desde el día de su primera comunión participó todos los días en la Eucaristía, también dedicaba una rato a la oración personal frente al Santísimo Sacramento y no dejaba de rezar cada día el Santo Rosario y decía: «El Rosario es la escalera más corta para subir al Cielo».

Sin duda la vida de Carlo Acutis tiene mucho qué decir a los jóvenes, quienes buscan identificarse con algún personaje o artista, o con algún grupo de personas con quienes se sientan a gusto. Acutis insistía que el joven debe de ser auténtico: “Todos nacen como originales, pero muchos mueren como fotocopias”, remarcando que es necesario dar frutos con los talentos que Dios nos ha regalado y no perder la identidad, muchos, en efecto parecen copias de otros, pero no hay nada mejor que la autenticidad de vida.

Este es el llamado para todos los jóvenes y discípulos de Cristo, buscar fundamentar nuestra vida en Cristo siendo originales, auténticos, únicos. Y como decía Acutis: «Nuestro Objetivo debe ser el Infinito, no el finito».

Madre nuestra, ruega por nosotros

Madre nuestra, ruega por nosotros

Invocar a nuestra Madre Santísima, siempre será un deleite y más para quienes creemos y contamos con su intercesión. El 7 de octubre de cada año celebramos a Nuestra Señora del Rosario, pero cada día recibimos de su intercesión grandes beneficios que Dios regala a manos llenas. De María Santísima se han escrito tantos elogios, porque Dios miró su humildad.

En los primeros siglos de nuestra era, los cristianos buscaron conocer los detalles de la existencia terrena de Jesús, todo aquello que los ayudara a vivir en comunión con Él, también tanto a lo que se refería a su nacimiento como a los primeros años de su vida. En su búsqueda se ha encontrado esta gran noticia: “El Señor Jesús nació virginalmente de María, la llena de gracia, por obra del Espíritu Santo”. Después de su búsqueda ellos afirman que Jesús nació de María, el Hijo del Altísimo, enviado por el Padre para salvar a todas las naciones”.

Con prontitud los primeros cristianos la veneraron como la Madre de Jesús, sabían y afirmaban que fue llevada en cuerpo y alma al cielo, le invocaban como la llena de gracia de Dios, la portadora de Cristo, modelo de fidelidad y de amor. Como Madre, después de la muerte de Jesús, recogió amorosamente a los apóstoles y juntos permanecieron firmes en la fe y en la oración. Para ellos María fue modelo y como madre se mostró protectora en el seguimiento de Cristo y asi, juntos recibieron al Espíritu Santo.

Entre tantos que reconocían esta maternidad divina, se encuentran los Padres griegos, quienes hicieron un eco muy especial en sus escritos. De la Virgen María se refieren:

  1. San Ireneo de Lyon dijo: “El hecho de nacer realmente de María, es la prenda de que Él es el Hijo y descendiente de Adán, cuya simiente había de asumir para poder transformarla en lo que él es como Dios. Por eso su carne es la misma carne de María, hija de Adán.
  2. Orígenes: Nos presenta una novedad. Por primera vez en la historia, se encuentra en este escritor eclesiástico el título de origen alejandrino “Theotókos” María Madre de Dios.
  3. Eusebio de Cesarea dijo: “El título Madre de Dios es una manera común de llamar a María y es la conclusión de un uso que por una parte apunta a la acción del Espíritu en el seno virginal, y la otra al fruto de su carne , es decir, al niño que lleva en su vientre”.
  4. San Atanasio comenta de ti: “El título Theotókos es garante de la unión en Jesús entre lo divino y lo humano, realizada en tu seno, María, y por ende, éste es signo de nuestra salvación en Jesucristo”.
  5. San Basilio de Cesarea: en un único texto él dice de ti: sobre la maternidad real en la carne, contra los docetas y algunos apolinaristas, Basilio muestra exegéticamente que San Pablo (Gal 4, 4) no escribe que Dios hubiese enviado a su Hijo de modo que pasase a través (dia) María, sino para que naciese de (ex) María”.
  6. San Gregorio Nacianceno afirmó: “Quien no confiesa Theotókos Madre de Dios a María, está fuera del plan salvífico del Padre, así como quien afirma que Cristo “pasó a través de la Virgen por un canal, y no que fue plasmado de ella de una manera divina y humana (divinamente en cuanto sin varón, humanamente en cuanto según la ley de la gestación) es igualmente sin Dios”. Y exalta a María diciendo: “Jesús nació de la Virgen María de manera inefable y sin impureza alguna. Porque, en efecto, no puede haber nada manchado ahí en donde se encuentra el Dios de quien procede la salvación”.
  7. Severiano de Gabala: Por cuanto concierne a la maternidad de María –que el Verbo recibió el cuerpo de la Virgen, asumió la carne de ella, y a su vez María, aún siendo sierva según la naturaleza, sin embargo, respecto al Verbo es Madre, naturalmente según la carne-. La dignidad y la grandeza de María es el resultado de todo su pensamiento mariano”. Una novedad es que la llame ocasionalmente: Nuestra Señora (Déspoina), en cuanto es la Madre de nuestro Soberano (Despótes). Puede ser la primera vez, o una de las primeras, en que se encuentre dicho título entre los escritos más antiguos que han llegado a nosotros. Así también son ya comunes en sus obras otros títulos marianos Hagía (Santa) y Aeiparthénos (siempre virgen).
  1. San Cirilo de Alejandría: Él prefería llamarte Santa Virgen y comenta: “Si el Señor Nuestro Jesucristo es Dios, ¿cómo puede no ser Theotókos la Santa Virgen que lo engendró en la carne?
  2. Proclo de Constantinopla afirma de una forma hermosa: “María es Madre de Dios porque de ella nació no un Dios desnudo, ni un puro hombre; sino el Dios y hombre que convirtió en puerta de salud la que había sido portón del pecado”. 

Esta breve descripción, pero profunda de la grandeza de María provoca en todo creyente, hijo de la Virgen María, ese deseo de acudir a ella en toda circunstancia, especialmente pedirle en este tiempo de pandemia, que interceda por nosotros para que esta experiencia social nos permita acercarnos más a Jesús, su Hijo y por ella, pronto logremos vencer no solamente el virus de la enfermedad, sino también, el virus de la violencia, del sin sentido de la vida, de la búsqueda sólo de lo fácil, de la apatía por los verdaderamente relevante, en fin, el virus de la cultura de muerte tan impregnado en nuestra sociedad y, no sólo de la juventud, sino también de las personas que han optado por vender su vida a cambio de la perdición.

Imitemos a María Santísima en su SÍ generoso, que implicó toda su vida a vivir con plenitud la Misión que Dios le encomendó y que ahora continúa ofreciendo su intercesión maternal a toda la humanidad. Como ella y los apóstoles, seamos responsables de nuestra vida y preocupémonos de servir a los demás compartiendo con el otro el Evangelio que genera vida en nosotros.

 

Madre Santísima,

Madre de Dios

y Madre Nuestra,

¡ruega por nosotros!