AL CUIDADO DE LOS INDEFENSOS

La Iglesia Católica, atendiendo al llamado del Papa francisco, de custodiar  a los más indefensos, lanzó el 07 de mayo de 2019 la carta apostólica Vos Estis Lux Mundi, con la cual pide constituir en cada Diócesis una Comisión para la tutela de menores y adultos vulnerables, cuyo objetivo es establecer acciones educativas de prevención y cuidado de dichas personas en la Iglesia contra los abusos sexuales de los clérigos y otros agentes de pastoral. 

Atendiendo a esta instrucción del Papa, Mons. Alfonso Cortés, Arzobispo de León, tuvo a bien fundar en esta Arquidiócesis dicha Comisión, la cual ya comenzó sus labores atendiendo los distintos ámbitos encomendados por la misma. Estos ámbitos de acción son los siguientes:

  • Escuelas Católicas.
  • Presbiterio.
  • Seminario.
  • Parroquias.
  • Comunidades Eclesiales.

De estos ámbitos, la Comisión ya se presentó, presidida por nuestro Sr. Arzobispo, a las Escuelas Católicas y al Presbiterio. El pasado jueves se tuvo la presentación al presbiterio, es decir, a todos los sacerdotes de esta Arquidiócesis y se llevó a cabo por medio de la plataforma Zoom.

La manera de actuar de la Comisión respecto al presbiterio será muy específica y se presentó con un objetivo, no sin antes decir que la labor de la Comisión es ante todo de prevención, de escucha y de atención para evitar cualquier tipo de abuso a menores y adultos vulnerables. Y como lo ha manifestado el Papa francisco, en este tema debe haber cero tolerancia.

El objetivo es:

Sensibilizar al presbiterio sobre la acción conjunta y corresponsable respecto a la prevención de las Conductas Sexuales Inapropiadas y el tratamiento legal a los casos que se presenten, a través de un análisis de la problemática, que logre integrar los aspectos preventivos en el proyecto formativo para fortalecer y preservar el ministerio sagrado en su dignidad.

Ante este panorama de atención al presbiterio, es importante mencionar que la Iglesia, con estas acciones, está atendiendo lo que el Papa Francisco ha solicitado, pero también atiende con responsabilidad y valentía los asuntos que le competen para evitar cualquier conducta inapropiada, sea por parte de un presbítero, sea por parte de un miembro de la misma Iglesia Católica.

Mons. Alfonso Cortés, comentó sobre la Comisión para la Tutela a Menores y Adultos Vulnerables es un trabajo educativo para la Iglesia. “Es un trabajo de amor, es un trabajo de protección a lo más precioso que tiene una familia, que tienen los padres, a lo más precioso que tiene la Iglesia: los niños no se tocan. Las personas debilitadas en su afecto, en su físico, en su dignidad no se tocan”.

Esta Comisión es un trabajo en el que están colaborando tres sacerdotes y cuatro laicos, quienes desde su especialidad, han generado este proyecto con objetivos muy concretos. Pidamos a Jesús, el Señor conceda a toda la Iglesia saber cuidar a los menores y adultos vulnerables y que juntos luchemos para que en la Iglesia siempre nos comportemos a la altura de los sus discípulos.      

Un culto incompatible con la fe católica

Un culto incompatible con la fe católica

Julia: Padre Marcos, estoy confundida por los altares que últimamente he visto cerca de mi casa y es que ya son varias familias las que tienen una santa muerte y lo ponen en un altar como si fuera una santa, ¿este culto es compatible con nuestra fe?

 

Padre Marcos Cortés: Apreciable Julia, te comparto que también yo he visto varios altares a la santa muerte y te explicaré por qué este culto no es compatible con nuestras creencias. Primero te comento que, en algunos países de Latinoamérica, principalmente en México y Argentina, se ha extendido esta falsa devoción conocida como la “Santa muerte”.

Para resolver las dudas, el P. Jil Portilla, exorcista para la II Vicaría de la Arquidiócesis de México y especialista en el tema, compartió hace algún tiempo a un medio católico 8 claves para comprender el real significado de este peligroso “culto a la muerte” y sus consecuencias.  

  1. La “Santa muerte” no es una persona o un ser

La “Santa muerte” no tiene absolutamente nada de santa. La muerte no es un ser, sino un acontecimiento. Significa la ausencia de vida, es decir, que una persona se ha quedado sin vida. Desde pequeños nos enseñaron a imaginar la muerte como un esqueleto humano con vida, que lleva una guadaña y que quita la vida a las personas para llevárselas de este mundo. Pero esto no es real, sino que es una fantasía. Es una forma alegórica o caricaturizada para expresar el fin de la vida, porque la muerte no es un personaje real.

 

  1. La muerte es en realidad la consecuencia del pecado

La muerte llegó a la humanidad como consecuencia del pecado y así lo revelan las Sagradas Escrituras en: Génesis 2, 15-17; Romanos 5, 12 y Deuteronomio 30, 15-20.

Algunas personas creen que Dios es el autor de la muerte, y que por lo tanto es bueno darle culto. Sin embargo, tal premisa es errónea y puede ser constatada en: Sabiduría 1, 12-13.

Quien sí es el autor de la muerte es el demonio, quien es culpable de que el hombre peque y experimente la muerte. Las Escrituras revelan esta información con toda claridad en: Sabiduría 2, 23-24; Génesis 3, 1-6; y Hebreos 2, 14-15.

 

  1. El culto a la “Santa muerte” es satánico

Las imágenes de la muerte representan las obras del demonio. Por lo tanto, el que adora a la muerte, adora al demonio y sus obras.

 

  1. La calavera no es más que una burda imagen

Algunas personas le piden a Dios que les conceda una santa muerte, es decir, que desean morir santamente. Sin embargo, en ningún caso piensa que la muerte sea un ser santo. Sabiendo que la muerte no es un ser, entonces, cada imagen de la “Santa muerte”, no tiene nada de santa y no es más que una burda y fea imagen.

 

  1. La Iglesia Católica nunca ha aprobado su culto

La Iglesia no ha aprobado nunca el culto a la “Santa muerte”. Se debe tener cuidado porque existen falsos sacerdotes en algunos lugares que se hacen pasar por iglesias católicas y que dan culto a la muerte.

“Adorar a la muerte es idolatría, pero sobre todo que muchas personas lo hacen por ignorancia”, dijo en una ocasión el P. José de Jesús Aguilar, encargado del área de Radio y Televisión de la Arquidiócesis de México.

 

  1. La muerte no hace favores

Muchas personas le piden a la muerte que les conceda algún favor: dinero, trabajo, poder, protección, curación, seducción, etc. Es verdad que en algunos casos les ha concedido lo que pedían, pero a un precio muy alto, sufriendo graves consecuencias.

Dejar de ver anuncio

Aquí algunos sufrimientos que padecen los adoradores de la muerte:

  1. Si son casados, se resquebraja el matrimonio
  2. Si se les concedió tener dinero, pierden la paz y alegría
  3. En algunas ocasiones sufren la miseria y no progresan
  4. Les suceden accidentes mortales
  5. Padecen depresión (mucho miedo y tristeza)
  6. Escuchan ruidos, ven fantasmas
  7. Se alejan de la fe
  8. Toda la familia se ve afectada con muchos problemas

 

  1. Las personas son engañadas y se alejan de Dios

A quienes rinden y extienden su culto, colocándole un altar, flores, alimento o llevándole en el pecho, se les suele amenazar con que si no cumplen o se arrepienten de adorar a la “Santa muerte”, entonces ésta tomará venganza de ellos. Es el Maligno quien finalmente comienza a atormentar con muchos sufrimientos.

Sin embargo, no debe dar temor el escapar de sus garras. Si se invoca a Jesús, Él te defenderá de todas las obras del demonio. Así se puede constatar en las Sagradas Escrituras en: 1 Juan 3,8; Romanos 10, 13; Santiago 4, 7; y 1 Pedro 5, 8-9.

 

  1. La muerte es el peor enemigo de Dios y de los hombres

Algunas veces se mencionan las obras para referirse al autor de ellas. Por ejemplo, se dice que se combate el crimen cuando en realidad se combate a los criminales. De igual manera, cuando la Biblia habla de aniquilar a la muerte, en realidad habla de aniquilar a su autor, es decir, al demonio.

Jesucristo será quien acabé con él para siempre, junto con sus obras. Así lo establecen las Escrituras en: Isaías 25, 6-8; y 1 Corintios 15, 21-26.

EL FIEL LAICO EN LA IGLESIA Y EN LA SOCIEDAD

Con el lema: “Laicos católicos en acción”, En nuestra Arquidiócesis estamos celebrando la semana del Laico del 16 al 20 de Noviembre. Y es que, hoy más que nunca el fiel laico está llamado a ser, como Cristo lo ha dicho “Sal y Luz del mundo”.

Ustedes son la sal de este mundo. Pero si la sal deja de estar salada, ¿cómo podrá recobrar su sabor? Ya no sirve para nada, así que se la tira a la calle y la gente la pisotea. »Ustedes son la luz de este mundo. Una ciudad en lo alto de un cerro no puede esconderse. 15 Ni se enciende una lámpara para ponerla bajo un cajón; antes bien, se la pone en alto para que alumbre a todos los que están en la casa. 16 Del mismo modo, procuren ustedes que su luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo”. Mt 5, 13 – 16.

Sin duda que para poder ser esa sal y esa luz, es necesaria la fe. Es así que los laicos impregnados de una fuerte vivencia de fe que les hace superar su egoísmo para adoptar la actitud de servicio y salir de sí mismos, pueden realizar su contribución a la misión de todo bautizado, específicamente en dos ámbitos: espiritual y temporal.

El fin del ámbito espiritual es evangelizar y santificar, es decir, anunciar el Evangelio y llevar la gracia de Cristo al hombre concreto, mientras que en el ámbito temporal se busca permear y perfeccionar el orden de las realidades del mundo con espíritu evangélico.

Y ahí nace la gran importancia y la estrecha colaboración del laico y el sacerdote, sobre todo en la práctica de los sacramentos y en la preparación para su recepción, de esta manera, los laicos podrán realizar una labor inestimable. Los catequesis, y el servicio del ministerio de la palabra y de la comunión, siempre respetando la acción propia del sacerdote, es uno de estos ámbitos, que podríamos denominar institucionalizado.

Participar de distintas actividades misioneras es muy significativo, al igual que en las obras de caridad, las cuales se han extendido en muchos lugares. Pero sin duda que para la Iglesia siempre será una fortaleza el testimonio del laico que vive una vida impregnada por los criterios y las virtudes evangélicas en cualquier ámbito y actividad, acompañado siempre del anuncio de la alegría del Evangelio.  

En la Christifideles Laici, Sobre vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo, el Papa Juan Pablo II anima a los laicos a entregar su vida al servicio del Evangelio en su ambiente:  

“El fiel laico no puede jamás cerrarse sobre sí mismo, aislándose espiritualmente de la comunidad; sino que debe vivir en un continuo intercambio con los demás, con un vivo sentido de fraternidad, en el gozo de una igual dignidad y en el empeño por hacer fructificar, junto con los demás, el inmenso tesoro recibido en herencia. El Espíritu del Señor le confiere, como también a los demás, múltiples carismas; le invita a tomar parte en diferentes ministerios y encargos; le recuerda, como también recuerda a los otros en relación con él, que todo aquello que le distingue no significa una mayor dignidad, sino una especial y complementaria habilitación al servicio. De esta manera, los carismas, los ministerios, los encargos y los servicios del fiel laico existen en la comunión y para la comunión. Son riquezas que se complementan entre sí en favor de todos, bajo la guía prudente de los Pastores”.

 

 

A remar mar adentro y como bautizados hay que hablar y actuar convencidos de la misión recibida en el bautismo

Orar no es suficiente

El mayor proyecto, y más importante de la iglesia, debe ser, y es, su seminario. En las semanas previas la arquidiócesis de León se ha estado preparando para celebrar el día del seminario. Una Jornada donde se llama a tomar conciencia de la relevancia de nuestro levítico plantel.

Es por esta razón, que decimos: Orar no es suficiente. El seminario vive la crisis más profunda que ha enfrentado en 156 años, no solo por la parte material, que se ha agravado en estos tiempos de contingencia. Es urgente reconocer que el seminario requiere sostenimiento material, pero, sobre todo requiere vocaciones.

Sabemos que nuestros pastores, párrocos, sacerdotes, y en primera fila nuestro Arzobispo oran, y ellos mismo promueven en todas sus celebraciones esta súplica a Dios por el seminario, y eso bueno… tal vez sea lo más importante.

Pero… como aconteció a los Macabeos, hoy en día, orar no es suficiente, es necesario emprender acciones decisivas. Recordemos como en la pasada Jornada Mundial de oración por las vocaciones 2020, el Papa Francisco pidió una iglesia al servicio de las vocaciones.

Claro que esto implica, orar con más persistencia, ahínco y profundidad… pero además es vital promover desde el seno familiar la generosidad de nuestros hijos, el ejercicio de la caridad y, sobre todo, entender que es el momento de involucrarnos en la formación del sacerdote.

Si queremos sacerdotes sabios, entregados al ministerio, disponibles en el momento que se requiera un consejo, paz, caridad…. ¡los sacramentos! entonces debemos ser conscientes de la urgencia que estamos viviendo.

Don Alfonso Cortés Contreras ha insistido en sus mensajes, las vocaciones surgen en las familias. Es necesario, por tanto, que las familias no desistan en plantar semillas de fe, que rieguen oportunamente, que contribuyan generosamente. Para decirlo claramente, el renuevo que plantemos hoy, nos dará frutos de vida eterna dentro de 10 años.

Queremos que el Pueblo de Dios tenga plena conciencia de esta realidad. Desde las páginas de este semanario llamamos a tomar conciencia del momento clave que vivimos. Sin seminario no tenemos sacerdotes, y sin sacerdotes no es posible la existencia misma de nuestra religión.

Oración, recursos materiales, acompañamiento fraterno, es lo que nos pide hoy nuestro seminario.

Sólo adoraras a Dios

Desde que éramos niños y nos llevaban al Catecismo, con mucha frecuencia nuestro catequista nos hablaba de quién es Dios y nos daba lecciones hermosas de la creación del mundo y la de nosotros, seres humanos. Seguramente para muchos de nosotros fue muy importante la intervención de mamá y papá porque ellos también nos explicaban a su manera y con su experiencia, quién es Dios para ellos y cómo necesario confiar plenamente en Él y no en otras cosas ajenas a Él.

Los conocimientos que vamos adquiriendo nos hacen comprender que sólo a Dios es a quien debemos adorar. San Mateo, en el Evangelio nos presenta este episodio tan sencillo y tan profundo:

“En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?” Él le dijo: “”Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.” Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas”.

Hoy quiero centrar esta Editorial en lo que significa honrar a dioses distintos del Único Señor, Dios verdadero.

“No habrá para ti otros dioses delante de mí”: El primer mandamiento prohíbe honrar a dioses distintos del Único Señor que se ha revelado a su pueblo. Proscribe la superstición y la irreligión. La superstición representa en cierta manera una perversión, por exceso, de la religión. La irreligión es un vicio opuesto por defecto a la virtud de la religión.

La superstición: Es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios, por ejemplo, cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas…

La idolatría: El primer mandamiento condena el politeísmo (creer en varios dioses). Esto exige sólo creer en el Único Dios verdadero. Y no venerar otras divinidades. La Escritura recuerda constantemente este rechazo de los “ídolos […] oro y plata, obra de las manos de los hombres”, que “tienen boca y no hablan, ojos y no ven”. Estos ídolos vanos hacen vano al que les da culto: “Como ellos serán los que los hacen, cuantos en ellos ponen su confianza” (Sal 115, 4-5.8; cf. Is 44, 9-20; Jr 10, 1-16; Dn 14, 1-30; Ba 6; Sb 13, 1-15,19). Dios, por el contrario, es el “Dios vivo” (Jos 3, 10; Sal 42, 3, etc.), que da vida e interviene en la historia. La idolatría es una tentación constante de la fe. Consiste en divinizar lo que no es Dios. Se puede tratar de dioses o de demonios (por ejemplo, el satanismo), de poder, de placer, de la raza, de los antepasados, del Estado, del dinero, etc. “No podéis servir a Dios y al dinero”, dice Jesús (Mt 6, 24).

La idolatría es una perversión del sentido religioso innato en el hombre. El idólatra es el que “aplica a cualquier cosa, en lugar de a Dios, la indestructible noción de Dios” (Orígenes, Contra Celsum, 2, 40).

Adivinación y magia: Dios puede revelar el porvenir a sus profetas o a otros santos. Sin embargo, la actitud cristiana justa consiste en entregarse con confianza en las manos de la providencia en lo que se refiere al futuro y en abandonar toda curiosidad malsana al respecto.

Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone “desvelan” el porvenir (cf Dt 18, 10; Jr 29, 8). La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a “mediums” encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos.

Todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo —aunque sea para procurar la salud—, son gravemente contrarias a la virtud de la religión.

La Sagrada Escritura, los Padres de la Iglesia y la Tradición nos enseña que estas prácticas son dignas de condenación. Dios tiene la última palabra en la vida del ser humano y Jesús venció al demonio. Como católicos, jamás debemos recurrir a supuestas “experiencias espirituales” fuera de Dios. Estamos llamados a seguir el camino de Jesús que rechaza todo pecado, pero que busca y ama al pecador para reconciliarlo. 

Jesús nos llama a una vida nueva, a liberarnos del pecado. Y un reto grande que Él nos ha dejado es experimentar su amor que es más grande y más fuerte que la maldición de todos los hechiceros y brujos y que la misma muerte. Católico sé coherente, adora al único Dios verdadero.