El mejor equipo, con la mejor dirección

El mejor equipo, con la mejor dirección

Hablar de deportes es hablar de atletas, entrenadores, dirigentes, técnicos y en fin, toda una gama de personajes que ayudan y coadyuvan a que los resultados de un deportista o un equipo deportivo sean los óptimos para su trayectoria deportiva.

Y en la vida personal y diaria cabría preguntarnos ¿nosotros también nos preparamos diariamente al cobijo del mejor guía y del mejor equipo de apoyo que podemos tener? Seguramente la respuesta interna nos sorprenderá a casi todos, al reconocer que hemos dejado “a la deriva” a la parte principal de nuestra vida.

Para un atleta o un equipo de atletas, sea cual sea el deporte, siempre existe una cabeza que direcciona la carrera deportiva del individuo, llámese desde un presidente y/o representante deportivo, pasando por directivos generales, entrenadores, técnicos, médicos, terapeutas, preparadores físicos, auxiliares, ayudantes de campo, etc., etc., etc. Pero, ¿y en la vida diaria, quien nos ayuda, quien nos apoya, o a quien recurrimos para mejorar nuestro íntimo “record” personal y particular en el cotidiano vivir y en nuestro desarrollo humano?

Muchos podrán o podremos pensar que para eso existen también los contadores, los doctores, los psicólogos, abogados, comerciantes y otra vez un largo etcétera. Pero no, en ésta ocasión no hablamos de la parte externa de nuestro yo, sino de la parte interna, íntima, espiritual de nosotros mismos.

“Empecemos por el principio”: Todos debemos saber que Dios tiene un plan especial para cada uno.

AMOR DE DIOS

Dios es nuestro Padre y nosotros somos sus hijos; debemos estar conscientes que Él nos ama con amor total y quiere lo mejor para nosotros y para ello ha hecho un plan de vida para cada uno, pero nos deja en plena libertad de que seamos nosotros quienes lo llevemos a cabo; Él pone a nuestra disposición el mejor “equipo” de preparación espiritual que nos puede dar, pero en nosotros está que aceptemos a “ese” equipo para ganar nuestras propias competencias de vida. El plan de Dios es perfecto, para que vayamos creciendo en “Su Fe” y en sus enseñanzas, lo demás lo deja a nuestro albedrío, el aceptarlo o no.

Dios nos envía a este mundo físico a enfrentar desafíos y aprendizaje “humano”. Pero de igual forma para que a través de las enseñanzas que nos ha plasmado sepamos cuidar ese espíritu que nos ayude a seguir hasta alcanzar la meta que significa regresar a la vida eterna sin mancha y con un record impecable, como buen “deportista de Dios”.

Vuelve a nuestra mente la misma pregunta, así como buenos atletas terrenales (seamos profesionales, amateurs o simplemente por “cuidado personal”) buscamos ayuda y apoyos externos para tener esa mejoría que buscamos, ¿en el ámbito espiritual buscamos tener con nosotros al mejor equipo?

Dios (el principal “dirigente” espiritual y religioso) nos espera junto con Cristo, los apóstoles, la siempre Virgen María, los Santos, obispos, sacerdotes, etc.; ese equipo que hará de nosotros mejores personas de bien; nos ha dejado sus “manuales” como son mandamientos, sacramentos, eucaristía, oración, etc., para llevar a cabo nuestro “entrenamiento”.

 ¿Aceptamos su ayuda y apoyo aun sabiendo que es gratis y que no conlleva más que un pequeño esfuerzo de nuestra parte: el querer y desear vivir en conjunción con Él? La respuesta está en nosotros, en nuestro corazón y conciencia.

Y tu sacerdote, ¿practica deportes?

Y tu sacerdote, ¿practica deportes?

Hay dentro de la feligresía de nuestra iglesia católica la duda o la inquietud de saber si más allá de su “vida clerical” y de realizar labores sociales y de misericordia, los sacerdotes son “tan humanos” como nosotros y de ahí se desgrana una de las preguntas en el sentido de que si los religiosos (en todas sus acepciones) además de vestir los hábitos, pueden dedicarse a la práctica de los deportes, independientemente de que sean aficionados a tal o cual de ellos.

Y para saber un poco más, diremos y escribiremos ¡Claro que sí!, los religiosos, sacerdotes, seminaristas, ministros y cualquier otro dentro de la iglesia, están en absoluta y completa libertad para practicar el deporte de su elección con la obviedad de que no obstaculice en sus labores eclesiásticas y no interfiera en su desempeño como tal.

Ya lo ha dicho el Papa Francisco en el año 2018: “El deporte puede abrir camino hacia Cristo en aquellos lugares o ambientes donde por varios motivos no es posible anunciarlo de manera directa; y las personas, con su testimonio de alegría, practicando el deporte en forma comunitaria, pueden ser mensajeras de la Buena Noticia”, a raíz de la publicación de su documento “Perspectiva cristiana del deporte y de la persona humana”, donde hace referencia a que el deporte mismo puede ser de mucha ayuda en la formación y misión de santidad de la juventud en particular, considerando que son los niños y los jóvenes quienes buscan en la cercanía de los deportes, aquel ídolo o héroe como ejemplo de vida para un desarrollo más sano y que les abra caminos rectos dentro de la vida.

Proveniente de una nación 100% deportista y obviamente futbolera, el Papa Francisco ha encontrado en el deporte y el futbol en particular, un medio de comunicación con la niñez y juventud actual, tan necesitada de orientación fuera del seno familiar; en ocasión de una reunión con altos jerarcas del futbol, Francisco quiso ser muy enfático de lo que significa el deporte en sí, apartado del afán mercantilista que hoy por hoy se quiere encumbrar, el Papa Francisco dijo: “En el fútbol, como en el resto de los deportes, debe prevalecer el ser sobre el tener”; recalcando que el deporte debe ser la meta principal que sirva de soporte a la educación de los niños, agregó: “El fútbol es un método excelente de promover la solidaridad en un mundo afectado por las tensiones raciales, sociales y económicas”.

San Juan Pablo II también dio importancia al deporte como parte de la vida de una persona, quien lo consideró como un medio adecuado para la educación de la persona; él era un deportista en sí, practicó fútbol, ciclismo, esquí, natación, hockey, etc., de lo cual se enorgullecía y de hecho por haber jugado futbol, usaba dicho deporte de ejemplo para en sus alocuciones como Papa, enfatizar e impulsar en la multitud que le escuchaba, la amistad, el espíritu de sacrificio, el trabajo en conjunto, el respeto, la lealtad, como valores para la vida.

Juan Pablo II decía que los entrenadores son a la vez educadores porque son maestros de deporte, pero también maestros de vida porque a la par de enseñar habilidades deportivas, son “enseñantes” de una existencia inculcada por la verdad y el amor, de ahí su gran responsabilidad, de ahí que se le llamara coloquialmente “el primer santo del deporte” luego de su canonización.

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